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Sol
 

Antes del cuento pensabas que todo era fácil de olvidar, pero contaste una historia que hace tiempo no te deja salir y brillar en paz.
Solías sonríele a los espejos y ahora los sueles tapar, solías cantarte canciones con dedicatorias sin ocultar y ahora vez en la música como el lamento del tiempo ha crecido sobre tu propia condición de realidad.

Antes del salto te encantaba volar y volaste tan lejos que la vuelta no supo ser sin dejarte caer sobre las espinas que tu misma regaste pensando que jamás te irían a lastimar.
Solías brindar con copas de cristal y ahora temes tanto a los quiebres que directamente has dejado de brindar, tan inverosímil fue el descanso que nadie jamás quiso creerte que tu en realidad solo querías olvidar.

El presente te muestra entre rejas lo que más quieres alcanzar y en tu mente se dibuja la culpa de una posible razón por la cual todo lo que llega se tiene que ir sin siquiera irte a visitar.
Luego de ver hacia el cielo pensaste que no hay estrellas sin nadie las quiere mirar, y descubriste que todo el tiempo se reduce a la posibilidad de siquiera querer remendar con telas de viejos amores un mínimo impulso para volver a amar.

Y mientras tanto unos de los pliegos del futuro te mira a los ojos esperando que lo acaricies para continuar hacia ese punto del cielo donde debes aterrizar para volver a empezar, casi inconsciente de que es tu memoria la que te tiene atada a las raíces quebradas de un árbol que floreció con tanta fuerza que no te deja mirar hacia las cuencas de tu bellísima capacidad de hacernos creer que entre tus vientos bailan sonrisas y que las lagrimas se te olvidaron mucho tiempo atrás.

Antes del cuento pensabas que era fácil borrar con el codo y escribir con los ojos, pero la melancolía de la vida te dejo jugando con fuegos que queman por tanto tiempo como encendidos los dejas estar.
Solías saber que en la magia de los besos se oculta la mas inmensa razón para intentar volver a mirar, solías creer en que para poder despertar tan solo hace falta que el sol vuelva a aparecer sobre tus ojos, y ahora, cercana a lo que mas quisiste alejar de tu vida, te adjetivas con palabras con las cuales no te asimilas ni te asimilarás.

Desde una silla gastada por tantas noches de silencio puedo decirte que no hay errores de los cuales nadie se arrepentirá, puedo decirte que el intento es la mayor fuerza para volver a disfrutar, puedo sonreírte de lejos y se que no me verás, pero en mi sonrisa se esconde la complicidad del entendimiento y las ganas de entender aun mas.
Desde mi cueva te imagino, aun no te he podido mirar, y aunque durante el día aquí es oscuro al menos se siente algo de calor cuando me rocías con tus lapsos de pasados que aun te vienen a buscar.

Todos sabemos que a nadie le gusta la soledad si no es para disfrutar, y discutimos con nosotros mismos reemplazando o desechando palabras tan importantes como “oportunidad” exigiéndole a la casualidad que nos cruce con algo que diste mucho de lo casual, y ahora que la ultima pieza de las caparazones de invierno se despega del corazón nómada con el cual aprendí a disfrutar, solo me resta decirte al oído que ahí lo tienes junto a tu pecho, para que cuando necesites fuerzas o latidos lo puedas tomar, tal vez quieras que te acompañe a caminar, tan lejos como te lleven tus recuerdos o tan cerca como quieras estar, no hay motivos que le impidan una buena companía, y menos aun si se quiere acompañar.