Solo a veces cuando el alma se nos esconde, regresan al cuerpo los deseos del ayer, regresan como los duendes a buscar su vasija llena de oro al final del arco iris, sabiendo de antemano que no hay arco iris, vasija y mucho menos oro por lo cual volver.
Solo en las mañanas de resaca toda palabra es musa de una lagrima o un melancólico desamor, cerca del primer rayo del sol, asomándose en las frases desordenadas que pronuncia la infelicidad, lejos del brillo absurdo de la luna, lejos de la ilusión de las estrellas, es que mi inspiración brota como un pino en primavera, es que mis sonrisas las regalo porque sobran tanto como los arcángeles en las novelas.
Antes de la noche, es que echo de menos la dulzura del tequila con limón, antes del anochecer, cuando oculto lo que llevo por delante, es cuando mi “no se” se transforma en “jamás sabré” es cuando descubro que antes de ti había una parte de ti que no conocía. Solo a veces sobran los besos como para regalárselos al cuerpo, solo a veces sobran las ganas como para que nos sobren besos, frágiles u obesos hijos del sol hijos de ese momento donde mi inspiración brota como pino en primavera, padres del eterno duende que vive con la desgracia de ser parte de esta gracia que se llama amor.
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