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El mar de lágrimas.
 

La farsa se comió mis huesos casi sabiendo que no iba a doler lo que alguna vez dolió,
Fue lento caminando por los recuerdos y carcomiendo cualquier ilusión de futuro,
Sonriendo, despojó al alma de magias y al futuro de suposiciones, maltrató cualquier sanción de tranquilidad y quebró cualquier hielo que no cumpliera funciones de tranquilizar.

La mentira se transformo en espectro y sin que nadie supiera de su existencia imito a la felicidad y a la ausencia, tan consiente de su alter ego como lo fue dios al pensar que lo recordaríamos como un simple ciudadano del deseo.

La sombra se fue apartando del suspiro y con calamidades etéreas marchito cualquier conjuro, imitó al porvenir, desenfocó cualquier sensación que se asimilara con volver a vivir, y entre los lechos del ayer duerme casi sin preocuparse por su propia muerte la sensación  de intento que alguna vez me vio nacer.

Hoy estoy dormido en un bar de repleto de sed, y el único intento de volver a querer se marchita cual pino en primavera, se destroza cual rosa presa de una quimera, hoy se retuerce sobre la hipótesis la única razón que me llevo a sentir que entre los aspamos de algún dolor incomprendido se escondía una sensación futura de poder vivir feliz.

La mañana es injusta con mis palabras, y aparece sin preguntarme si la espero sobre el horizonte al cual tanto le he escapado en estos sueños propios del rey que nunca sintió la corona como su deseo, la enorme bola de alegrías se presenta sobre mi figura algodonada y derrite mis ultimas nociones de posible amor desprevenido.

La farsa comió mis pasados, sin pedirme permiso para cantar sus canciones eternas, sin decirme siquiera que seria yo quien viviera bajo las sabanas que tapan a quien nunca vio a las sirenas, sin siquiera tocarme el hombro para inundarme inconscientemente en un maldito mar de promesas eternas

Inmerso, bajo las leyes del pasado, encuentro caminos que no me llevan a ningún lado, y sonriendo añoro  cuando sentía que podía, enamorado por lo simple, cautivado por la posibilidad de la coincidencia, engañado por el tiempo,  cuando mirando hacia donde jamás miré,  sentía en mi apagado pecho que al fin eras mía.