Inmutables como columnas de marfil, se presentaron ante el silencio el sonido de aquellos besos gordos que me imagine alguna vez antes de mi partida.
La luna se formo nuevamente en el humo áspero que llora este cigarro, como queriendo invitarme a salir y descubrir que fuera de esta burbuja invisible existen otras pasiones.
La última mosca se poso en mi hombro derecho y murió bajo mi mano izquierda, los perfiles del amor se quedaron sin personalidad y fue en ese momento que note la verdadera razón para quedarme sonriendo.
El ultimo pétalo cayo sobre el suelo helado, dibujando el trayecto del regreso a la almohada. Y nuevamente la paz me saludo por la ventana sonriendo irónicamente y cantando canciones en francés.
Algo me llevo a reprochar esta condición de mártir, pero el eco de mis pasos se perdió en soledad.
Mi mafia se quedo sin padrinos, mi grupo es ahora monótono, mis caricias son cachetadas.
Y todo esto por confundir la ternura con la influencia, y todo esto por permitirme cometer errores insolentes y gritarle al cielo que se vaya de una vez.
Pero así es esta canción, tan sutil como venenosa, tal vez tanto como las veces que me dije que lo abstracto es obsoleto.
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