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La leyenda de los bosques
 

Hay, en las raíces de los arboles jóvenes, un manojo de recuerdos de viejos amores que son lo que los mantienen vivos por tiempos casi interminables.
Estos recuerdos, de aquellos amores, son de color azul, uno azul muy brillante y se pueden ver en los pies de los arboles en la noches de otoño cuando la estrella mas lejana brilla con toda su fuerza.
Hay un árbol, tan viejo como la tierra que se apropio del recuerdo mas azul de todos  y lo mantiene en las raíces sin dejarlo siquiera que se vea su brillo.

Durante muchas lunas otros hermanos del bosque intentaron quitarle ese recuerdo al viejo árbol para verlo brillar, pero su fuerza de opresión hacia su tesoro fue tan intensa que tan solo el intento incineró los brazos de los atrevidos.

Cuenta el viento que pasea entre los bosques, que una vez hace muchos miles de años un fiel del reino de las mariposas perdidas se aventuro riesgosamente al intento de descubrir que tan fuerte era el brillo de ese azul.
Una mañana de otoño cuando los arboles cambiaban la piel, aquel aventurero espero a que el mayor de los arboles mirara hacia el cielo y se hundió en sus raíces con la ilusión de que en la noche su espera bajo tierra valiera la pena.

Y la noche cayo, y el fiel, acurrucado en las raíces del gigante vio como lentamente aquella bola de lágrimas, sonrisas, decepciones  y esperanzas comenzaba a brillar bajo la tierra.

El brillo azul de aquella bola de luz dejo perplejo a el aventurero, pero mas perplejo aun lo dejo el momento en cual noto, que aquel brillo tan intenso no lo desprendía el recuerdo de un amor, sino el del mas grande de los odios que ha nacido en este mundo, el mas grande de los dolores, el mas anciano de los temores.

Asombrado y desilusionado el fiel del reino de las mariposas perdidas murió al instante al salir de bajo la tierra aquella noche de otoño  y su historia solo vive entre estos vientos parlanchines.

Y aún ahora el mas grande de los odios, sigue dándole vida eterna al mas grande de los árboles, reprimido bajo sus raíces pero cumpliendo su cometido, mientras los recuerdos de los amores, siguen brillando fuertemente en los pies de aquellos mas jóvenes en las noches de otoño, visibles bajo la luz de la mas lejana estrella...
visibles y con el mismo color que el escondido odio.