En el país de los sin dedos las caricias son como golpear, las apretones de manos son tamborileos y los abrazos como encadenar.
En la ciudad de los sin boca, las besos son como acaricias, la palabras son quejidos la comida es para observar.
En el pueblo de los sin ojos, los abrazos son saludos, las caricias documentos y las miradas un concepto sin estudiar.
Por eso me mude, al barrio de los sin nariz, porque aquí abrazamos, besamos, miramos, hablamos, y todo sin darnos cuenta el olor a mierda que despide nuestra superioridad.
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