Hay pisadas que son propias del pasado inclusive antes de llegar a ser pisadas.
Hay también, en algunas vidas, pequeñas demostraciones de confianza que revelan la realidad de lo poco importante que es para todos la simpleza.
Detrás de cada uno de los tiempos, están y fluyen cual pequeña catarata cada una de estas imprecisiones del delirio mientras que nosotros vemos como se desarma firmemente cualquier anhelo de crecer hacia arriba.
Algunas vez, cuando nos creíamos inocentes, pisamos con la ilusión de dejar huellas y creimos con la pasión de no pedir nada a cambio, pero luego, cuando entendimos nuestro propio “porque” quedaron tan infundamentadas nuestras acciones como lo quedaron siempre nuestras palabras, y fue en ese momento en al cual nos dimos cuenta que perdimos el juego de perdurar.
Todos somos culpables de hacernos preguntas, en cambio no lo somos de respondérnoslas, porque en el filo de la conciencia, vive quien no nos cuenta lo que hacemos y simplemente se regocija con su influencia.
Y con una mano en el hombro hemos aprendido a florecer bajo la nieve, con petalos marchitos eh inoloros pero floreciendo al fin, desperdiciando de golpe cualquier asimilación al sueño, comiéndonos las alegrías y repartiendo las tristezas como hambrientos de placer y tiranos de lo placentero.
Hay historias que siempre son propias de ser pisadas.
Hay niños que aun recuerdan lo que les toco en aquel momento que los obligaron a sonreír, y entre las escamas del cinismo repliegan el capricho de tener a un mártir azucarado, culpables de su condición pero no de su presencia, abnegados, forzados, vivientes.
¿Por qué razón continuamos la agonía?
¿Cuál es el motivo de regalar lagrimas y vender sonrisas?
Hay pasados formados por pisadas que fueron historias en vidas confiables y aun asi renegamos por esa inconsciente influencia.
Hay tanto asfalto en nuestras mentes y nuestros corazones, que aun continúa siendo negro el futuro… aun continua siendo negro.
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